¿Qué son las competencias?

Se trata de conjuntos de capacidades complejas, integradas en estructuras, pero no capacidades en abstracto, sino capacidades para…, un know how, macrohabilidades materializadas en una dimensión pragmática, es decir, saberes en ejecución, conocimientos en acción, puestos en juego para abordar situaciones concretas en la actividad científico-tecnológica, económica, social y personal. Dicho de otra manera, las competencias consisten en el uso funcional de los conocimientos en contextos diferentes.

Cada competencia es una reunión de las experiencias que las personas han logrado construir en el marco de su entorno vital, de su pasado y de su presente, referidas a las capacidades para “analizar, razonar y comunicarse eficazmente cuando plantean, resuelven e interpretan problemas relacionados con distintas situaciones”[1]. De aquí se deduce que las competencias guardan una estrecha relación con los desempeños y son más amplias que un objetivo.

Equivalen a grupos entramados de saberes que permiten enfrentar situaciones con solvencia. Las competencias aparecen como inseparables de la acción.

En otras palabras, una competencia es la “facultad de movilizar un conjunto de recursos cognitivos (…) para solucionar con pertinencia y eficacia un conjunto de situaciones (…). El enfoque por competencias no rechaza ni los contenidos, ni las disciplinas, sino que enfatiza su puesta en práctica (…). La competencia se sitúa más allá de los conocimientos”[2]: los contiene y trasciende pero los requiere en la medida en que son saberes aplicados que permiten dar respuesta a situaciones sociales reales. El término competencias designa un saber hacer. Dedicarse al desenvolvimiento de competencias pide un proceso más centrado en las operaciones que puede realizar la mente frente a ciertas tareas, que en la acumulación de contenidos.

El desarrollo de competencias se puede promover siempre y cuando se esté operando (en el sentido piagetiano) sobre el objeto a conocer.

Pero no son solo las acciones las que promueven desarrollo, sino que también es necesario reflexionar sobre los resultados de dichas acciones. En realidad, buena parte de las intervenciones de las/los docentes tendrían que orientarse a conducir a sus estudiantes a esa reflexión. Perrenoud va más allá cuando aclara que la reflexión “es la base de las competencias”.

Para esto se necesitan modificaciones en los procesos de observación y seguimiento a la actividad de las alumnas y alumnos.

Para profundizar y ampliar , se sugiere el art. de P. Perrenoud “Construir las competencias, ¿es darle la espalda a los saberes?” en la Revista de Docencia Universitaria, Univ. de Murcia, vol. 6, núm. 2, 2008 (número monográfico: Formación centrada en competencias): https://revistas.um.es/redu/article/view/35261/33781

Competencias es una noción con tradición

El término competencias no es nuevo: se remonta a la psicología de las facultades del siglo XVIII, refiriéndose particularmente al funcionamiento de la mente; resurgió en 1965 dentro del ámbito de la lingüística con Noam Chomsky y lo retomó luego Jurgen Habermas. En la historia curricular, son una categoría que empieza a reemplazar, desde mediados de los 80, a la de objetivos educacionales.

Las competencias y la tarea docente

Considerar las competencias en la escuela “supone una transformación considerable de la relación de las/los docentes con el saber, de sus maneras de ‘dar clase’ y (…) de sus propias competencias profesionales”[3]

Hasta ahora la escuela ha pendulado entre los dos paradigmas: enseñar saberes (conocimientos) o desarrollar competencias, es decir, “saber qué versus saber cómo”; y habitualmente la escuela se seguía considerando el aprendizaje con eje en los saberes, entre otros motivos, porque al ser lo más tradicional, la docencia suele sentirse más segura; porque un enfoque por competencias la obligaría a revisar las nociones de transposición, planificación y contrato didáctico; porque es más sencillo evaluar los conocimientos que las competencias; porque, en resumen, la enseñanza centrada en competencias llevaría a cambiar fuertemente el rol del/de la docente y del alumno y la alumna a los cuales estamos acostumbrados.

Para ahondar y ampliar en la enseñanza por competencias, puede sumar un aporte el libro Diez nuevas competencias para enseñar, de P. Perrenoud. Barcelona: Graó, 2007. La conclusion del libro, denominada “¿Hacia un oficio nuevo?” se lee en la pág. web de la editorial: https://www.grao.com/es/producto/diez-nuevas-competencias-para-ensenar

Lic. Elena Luchetti


[1] OCDE. Informe PISA 2003. España: Santillana. 2005.
[2]  Perrenoud, Philippe. Construir competencias desde la escuela. Santiago de Chile: J.C.Sáez editor, 2008, quien luego agrega que son “una capacidad de actuar de manera eficaz en un tipo definido de situación, capacidad que se apoya en conocimientos, pero que no se reduce a ellos”.
[3]  Perrenoud, P. Op. cit.

X